Un poco antes de la pandemia de covid-19, Hugo Ávila, también conocido como “El Xocoyote”, residente del municipio San Martín Texmelucan, en Puebla, inició unas brigadas de limpieza para las regiones más altas del río Atoyac.

“Hacer algo por nuestra cuenta”, es como lo define Ávila, quien es el encargado de usar su camioneta como transporte, mientras el resto de voluntarios de la ya conocida “manada del Xocoyote” lleva sus propias herramientas para la recolección de residuos sólidos.

Sin embargo, reconoce que aún no hay un trabajo que alcance a mitigar los impactos de la principal causa de contaminación: los corredores industriales.

Las aguas residuales que se vierten desde las industrias, aunado a la basura y el desagüe municipal de las ciudades, han provocado que desde hace más de 30 años el río Atoyac que recorre Tlaxcala y Puebla se pinte de diferentes colores.

Puede ser café o amarillo, a veces teñirse de rojo y, en otras ocasiones, de un azul que se convierte en morado. Un efecto de la mezcla no tratada de metales pesados, hidrocarburos, fármacos, detergentes, plásticos y pigmentos de textil que se vierten al río.

“Un río de colores, como un arcoiris”, describe “El Xocoyote”.

Calidad del agua en el río Atoyac hasta mayo 2021, en su mayoría marcados como naranja de clasificación Contaminada y rojo de Fuertemente Contaminada. Fuente: Subdirección General Técnica de Conagua.

Los elefantes blancos

La Cuenca Atoyac, así como la Presa Valsequillo, son las regiones más contaminadas en la zona, de acuerdo con el diagnóstico de 2012 - 2020 de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Esto incluye los ríos afluentes como el Zahuapan, Xochiac, Atenco y las barrancas Atlapitz y Honda.

Una de las soluciones planteadas por las autoridades ha sido la instalación de plantas de tratamiento de aguas residuales.

“En la cuenca del río Atoyac hay más de 10 plantas de tratamiento para aguas domésticas, cuando el problema de origen es la industrial. Son elefantes blancos que por años se dejaron al abandono. No funcionan porque no se les abastece de dinero, de equipo, de personal calificado”, explicó Omar Arellano-Aguilar, investigador del Departamento de Ecología y Recursos Naturales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Además, se han firmado acuerdos y se han otorgado recursos para recuperar el río Atoyac y la presa de Valsequillo. El último fue un convenio entre el gobierno federal y los estatales de Puebla y Tlaxcala, firmado el pasado septiembre como una respuesta ante la recomendación por daños que emitió la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) desde 2017.

Con la firma del convenio también se habló de empezar a trabajar en un modelo de saneamiento que, hasta ahora, no ha tenido actualizaciones.

“El problema es que las propuestas de los gobiernos están descoordinadas. No están atendiendo la raíz del problema que es la industria y no están permitiendo la participación activa de las comunidades”, señaló el investigador Arellano-Aguilar.

Por más de 30 años, colectivos, universidades y asociaciones civiles han registrado la pérdida de biodiversidad y las enfermedades como cáncer, anemia e insuficiencia renal, consecuencia de la exposición a químicos cancerígenos y neurotóxicos. Pero a pesar de la información, los sectores coinciden que hasta la fecha no hay soluciones vigentes efectivas.

 Foto: Francisco Guasco/Cuartoscuro.com

Aguas de mezclilla y otros daños

Si se busca documentación sobre cuáles son los impactos de la contaminación industrial en el río Atoyac, hay registros de daños ambientales y a la salud desde principios del 2000. Aunque el antecedente está en la década de los 90 con el auge de corredores industriales más sofisticados.

Desde las pequeñas hasta las grandes industrias han edificado a lo largo del río. La industria automotriz, que fue pionera desde los años 80 con la Planta de Volkswagen en Puebla, despertó el interés de otros giros como los textiles, petroquímicos y farmacéuticos.

“Es un modelo de ciudad industrial que tiene origen en Alemania, en Europa, y se implementó acá para generar industria y concentrar en diferentes giros industriales dentro de un solo territorio”, señaló el investigador de la UNAM.

Actualmente se estiman 2 mil 15 unidades económicas por giro industrial, de acuerdo con la recomendación de la CNDH. Algunas de las enlistadas son las textiles Skytek y Globaltex; la refresquera Big Cola; la química y farmacéutica Bayer.

“Cada parte del Atoyac presenta un grado de contaminación diferente. No es lo mismo con San Martín Texmelucan que en las poblaciones más cercanas a la montaña o al bosque. Cada parte tiene su dificultad”, explicó Ávila.

A 20 minutos del río, San Martín Texmelucan se ha convertido en una región de textiles, pinturas y petroquímicos, donde la mezclilla ocupa el centro de la producción. Pero, así como inició la fabricación de pantalones, empezaron los derrames de residuos para teñir la ropa.

El color de las aguas, tan azules como la mezclilla, llevó a que investigadores de la UNAM a analizar que el corredor emite altas concentraciones de cloroformo, diclorometano, zinc, cromo, aluminio y níquel.

Las preocupaciones se incrementaron cuando los estudios evidenciaron enfermedades como anemia hemolítica e insuficiencia renal en mujeres, niños y niñas.

“Tenemos datos de colegas que trabajan en esta región de que habitantes en la zona están sufriendo de problemas de salud y presencia de metales pesados en sangre y orina”, explicó Arellano-Aguilar.

“Para que podamos recuperar el Atoyac lo primero que tenemos que hacer es frenar las descargas industriales y urbanas que se vierten de manera cruda o con poco tratamiento a los canales y al cauce principal. Hacer ordenamientos ecológicos que frenen estos procesos y les den una dinámica distinta”, sentenció el investigador.


Contaminación río Atoyac
Infogram


“La industria ha sido muy voraz y la corrupción ha permitido que se asienten las empresas y no las pueden cerrar… Lo único que veo es que cada vez hay más contaminación, y pienso que los políticos creen que el planeta no tiene límites…”, asegura Ávila mientras maneja por las calles de San Martín Texmelucan.

La manada del Xocoyote, cuenta, aún no ha llegado a las zonas de mayor deterioro ambiental donde se concentran los corredores industriales. Pero asegura que, cuando sea el momento, estarán listos también para solicitar un diálogo con los responsables de las empresas.

“Con nuestro trabajo queremos que también se le demuestre al mismo gobierno que la población puede poner la voluntad, que conocemos los remedios y que ellos así actúen”, afirma.

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